lunes, 26 de febrero de 2024

2/2/2023

Quizá he pasado demasiado tiempo en el vértice viendo cómo todo alrededor se movía mientras yo permanecía estática; tanto, que si no consigo moverme, con el paso de las estaciones las trepadoras se enroscarán en mis piernas tiñéndolas de un color bermejo y terminarán por destriparme la piel. Yo que soy incapaz de permanecer quieta incluso encerrada, apenas tengo aliento para lograr abrir el pomo de la puerta: el rechazo que me genera todo a mi alrededor me grita que en este lugar no tengo cabida.
La percepción del tiempo es decadente desde aquí, procuraría explicarlo pero creo que sólo aquellas que lo han vivido lo entenderían; así que no me guarda ningún tipo de sentido ni valor dar explicaciones que en realidad nadie me pedirá nunca. Nunca nadie que haya vivido durante un largo tiempo en esa línea fina que aparece sin aparente retorno a la normalidad, la irregularidad entre el estar y el sentir.
Miro el calendario y los nombres de citaciones en él no son para nada de gente allegada (pero cada vez se me hacen más familiares), y cuando estoy con las pocas que intermitentemente aparecen, ni siquiera puedo dejar de sentir culpa. Si durante todo este tiempo han crecido bajo una luz que aquí no llega, no puedo más que tener la percepción de hacer perder el tiempo u oportunidades al resto. Si todo este período he estado a oscuras, quizá es porque no tengo las herramientas o eché raíces en tierra poco fértil.
Podría deshacer, hacer, rehacer y desvivirme para intentar llegar a sentir un ápice de lo que antes sentía, pero ahora soy nadie en los ojos de quienes me hacían sentir segura. Siento que cuando me miran me traspasan.
No sé si nada de esto tiene cura.

1/12/2023

Me pidieron que escribiese una carta para vosotras; yo que tan cómoda voy con bambas, tuve que ponerme en los zapatos del resto. Siempre que intento hacer el ejercicio se me escurren las palabras entre los dedos, una bruma pesada me niebla la vista y el eco de un pensamiento incesante resuena: cuestión de perspectiva.
Y es que asumir que todas nos regimos bajo unos mismos valores y condicionantes es hipócrita. Como si cualquier persona escogida a dedo tuviese la responsabilidad de cuestionarse el comportamiento propio y ajeno desde un punto objetivo, hay algo de narcisismo en haber creído que yo misma lo estaba haciendo.

Supongo que ponerme en tus botines de primavera fue darme cuenta que toda la vida iba a ser un reto de cambios sin fin en un paisaje desconocido a tu tierra. Con un anhelo de volver y la condena de haber echado raíces en un barrio que ahora debe parecer un extraño ante tus ojos. Borrar y escribir tu historia una y otra vez, dudar de tus actos, sentir que nadie te ha enseñado el camino. Labrar la tierra y encontrarla infértil para volver a anclarte aquí. No sé en qué punto se unen otra vez los senderos por los que me llevaste ni si esperas encontrarme de nuevo en alguna parte del tramo. Siento que mis pies se hunden bajo decisiones que no debí tomar en cada paso que doy hacia ti y que este barro que recubre mis bambas tardará tiempo en volver a poder caminar junto a ti.

Traté de ponerme tus mocasines y a pesar de ser más grandes que mi pie no logré calzarme: me choca porque recuerdo haber llevado este mismo modelo antes. Tu y yo que partimos de la misma casa, hace mucho que no somos nosotros.
No sé si es orgullo o si ambos llegamos a la conclusión de que todo nos venía grande demasiado pronto: y ahora cubrimos nuestra coraza con datos que puedan respaldar el pensamiento de que no somos monstruos, que nuestras retorcidas cabezas siempre encontrarán un motivo para alejarse de todo el exterior cuando algo falle. Que el fallo es relativo, porque siempre hay un plan z y que es cuestión de despejar el problema a tiempo. ¿Sabes ya si el tiempo es relativo también?
Tú que quieres creer en que cabe la posibilidad de engañar al tiempo, yo que lo veo correr contra reloj: como en esas películas malas que criticábamos, nunca se digna a tener un mínimo de lógica. Dejaré los mocasines en tu habitación y me quedaré leyendo tus libros como si estuvieses sentado en el escritorio hasta quedarme dormida. Siento que nunca sabré cómo fue dormir en aquél sillón a la vera de mi cama, ojalá pudieses explicármelo.

Lo siento, no tengo fuerzas para probarme más zapatos.

29/10/2023

Hay cierto tipo de crueldad involuntaria en cada una de nosotras, no quiero formar parte de ello... y es que tenemos la responsabilidad de ser consciente del contexto que nos rodea, por eso me abruma estar rodeada de tantas personas a las que no sé si involuntariamente, tarde o temprano, decepcionaré.
Quiero que todo se quede en pausa y tranquilo por un momento; respirar hondo, notar el aire entrar a mis pulmones. No lucir esta falsa fachada de seguridad mientras paseo por una calle que no termina nunca, sin hallar el aliento necesario para poder recobrar fuerzas y terminarla. Me frustra pensar que es distinto si me esperas tú al final de la calle, en la misma que me dejaste: a veces querría que estuvieses aquí y otras no haber aparecido. 

Siento que han completado parte de mi historia con semejanzas del pasado, que yo todavía estoy lidiando con algo que dan por supuesto. Soy la primera que quiere salir de aquí, ¿por qué me juzgas? Deberías saber que mis herramientas son volátiles y a veces se esfuman con el humo. Creía que sabías dónde me ahogo y ahora tengo miedo de volver a pisar el agua contigo al lado.

jueves, 3 de noviembre de 2022

Rascando segundos al reloj

Parece crudo pensar que tenía apenas 16 años la primera vez que creí darme cuenta de que antes o después terminaría con mi vida, generando en mi pecho un vértigo abismal e incomprensible dadas las circunstancias. Era el último día de agosto y observaba desde la ventana sin pomo del hospital cómo la noche se abría paso: sólo quise cerrar los ojos en un descuido, poder descansar tranquila un largo rato. 

Recuerdo ver a mi hermano dormir en ese horrible sillón naranja después de conversar sobre alguna cosa que ni siquiera logro vislumbrar, pero que poco se acercaba a una gestión del hecho de que casi me escurro en el tiempo. Quizá fuese lo mejor después de todo, porque dudo que hubiésemos sido capaces de hacerlo. Sea como fuere todavía no puedo saber cómo pasó esa noche mi madre o cómo explicarle que no es su culpa, a pesar de todo todavía se victimiza y sigo sin sabe cómo ponerle palabras a lo que siento cuando apenas siento nada más que dolor; ni cómo mi padre llegó a la conclusión de que "cada uno tiene lo que se merece", el tiempo dirá... quizá estuviese en lo cierto. 

Pero lo que yo no sabía hasta ese momento, ni la forense, ni la juez, es que "el vacío me da más miedo que el dolor", o eso se ve reflejado en las fechas del informe. A pesar de todo, si a aquella niña le hubiesen dicho que llegaría a cumplir los dieciséis y que jamás perdería el miedo a volver atrás, hubiese roto a llorar de agonía. 

Siete años después, respiro hondo a pesar de que un peso aterrador e intangible me oprima el pecho; banalizo el hecho de que tarde o temprano, todas esas pequeñas grietas que ahora tientan a la suerte acabarán por resquebrajarse del todo. Intento mostrar mi mejor cara de conformidad con esta extraña rutina de extrañar pequeños gestos y carcajadas que me brindaban un ápice de paz. A pesar de que todo a mi alrededor avanza en cámara rápida, no dejo de tener la sensación de permanecer de manera estática en algún lugar en el que no me encuentro.

Aún así tomo aire a bocanadas cuando los que cuento con los dedos de una mano me llaman para salir, intento recordarme que merecerá la pena y que dentro del caos todavía queda un halo de esperanza mientras veo el brillito en los ojos de aquellos que aún están a mi vera.

viernes, 15 de enero de 2021

La ventana

 Cuestionarme a mí misma nunca ha sido un problema, de hecho, si no barajo bien mis cartas y recreo todas las combinaciones en mi cabeza, tendré una sensación permanente de desapego hacia mi postura. Espero que se me permita pensar que sin cuestionarse a una misma se termina por no llegar a ningun lugar, aunque el hecho de retroceder se presente inherente a una parte del proceso.

Así que entro en un ciclo del que no sé salir, ¿me estoy tomando licencia de más dándome tiempo para replantearme cómo se desenvuelve el entorno? A pesar de que siempre he mostrado predispocisión a aprender a palos, me encuentro sentada impasible tarareando una melodía de fondo que encuentre en mí un ápice de paz que se vea predispuesto a deshenibirse de esta abrumadora sensación de improductividad, quizá nunca encuentre esa melodía.

Es esa mala manía de producir una explosión de entusiasmo y energía justo cuando todo lo que te rodea son luces ténues que parpadean al ralentí, siempre a destiempo. Vivir con el anhelo de vislumbrar un flash que me ciegue la vista en el momento preciso en que yo también sea capaz de brillar, que llegue a mis oídos una melodía que encaje en mi tempo.