Ves como todo se cae y te ahogas, intentas prometerte un cambio pero todo parece tan oscuro, tan voluble... No te despiertas un día sin nada, las cosas se van perdiendo. Se pierden las risas, los amigos, los paseos en sábado y el brillo en los ojos. Se va perdiendo como se pierde la esperanza al ver que apenas consigues levantarte. Ves como has decepcionado a la gente que confiaba en ti, te decepcionas a ti misma. ¿Qué queda?, nos quedan los recuerdos de momentos felices que nos hunden más porque ésas cosas ya no están. Cómo duelen, ¿eh? Personalmente he decidido no creer a quien me diga que estará ahí para apoyarme y calmar mis penas para que no haga ninguna tontería. ¡Cuánta gente me hizo hacer promesas para luego irse...! "Optimistas, ¡a veces la luz al final del túnel es un tren!"

Sin embargo otras cosas se marchan y no tiene importancia, están mejor lejos. Desaparece el miedo a caer cuando estás abajo, la presión de que alguien espere algo de ti (ya nadie arriesga), el dolor al perder a seres queridos..., ¿queda alguien por aquí? Te sientes solo, aún sabiendo que es posible que no tengas motivos, pero eso no basta. Sientes las burlas clavadas en la piel, escuchas las risas, el desprecio y la hipocresía de la gente. O quizá las cosas no sean así, quién sabe. Como el genio que se suicida tras oír los aplausos creyendo que son burlas en vez de halagos.
Lloras cuando nadie mira, miran cuando te equivocas. Te estiras en la cama mirando al despertador, preguntándote por qué todo continúa. ¿Qué sentido tiene quedarse? Pero el vacío da tanto miedo..., esa estúpida esperanza de que algo cambie me mantiene alerta. Intentar dormir pero que lo que vives sea tan emocionante que te mantenga despierto, que me mantenga en vela, ¿no sería increíbe?