martes, 23 de septiembre de 2014

Cuentos para Eirika


Las calles iluminadas por la luz de las farolas, el frío aire indicando que el verano ha acabado y el bailoteo de las faldas y vestidos de algunas de las mujeres que salen al haber terminado la obra, dejan paso al silencio, a la tenue luz del escenario ya vacío.
Entre el público un hombre barre la suciedad que se ha ido acumulando a lo largo de las sesiones. Cuando termina su faena limpiando las butacas del público (con sus detalles bien perfilados sobre la madera y la suave piel sintética de desconocida procedencia), el triste trabajador consigue dibujar una sonrisa en su rostro al poner los pies sobre el escenario. Con cuidado, deja sus instrumentos de faena y se dirige hacia un violín que parece haber sido olvidado en uno de los asientos de los músicos. ¿Para qué va a coger un violín de un gran músico un simple empleado?, para llevar a cabo una de las mejores actuaciones que haya logrado ver el teatro, una actuación que sería capaz de arrancar un suspiro y una lágrima a la persona más fría del mundo. El artista, guarda cuidadosamente el instrumento en su maletín mientras se le dibuja una expresión triste de nuevo. Coge sus instrumentos de trabajo, apaga las luces, y deja la enorme sala.

Escondido, un escritor redacta los hechos mientras trata de contener las lágrimas de emoción. Se hace el silencio.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Cuentos para Eirika

El cielo se ha vestido de blanco esta mañana. Con su aliado el viento, está haciendo que todo a su alrededor baile: los árboles, la hierba, los largos abrigos de la gente..., ha cogido como escenario este sitio y se está llevando todo lo que tiene cerca a su pequeña fiesta, como gran líder. Cuando por casualidad las miradas de dos desconocidos se cruzan en un descuido de su lectura matinal, se sorprenden y paralizan los cuerpos. Quietos a unos diez pasos de distancia, se dedican a observarse el uno al otro con confusión. Aún sabiendo que no se conocen, con la seguridad de que no se han visto antes. 

Cuando por fin deciden reanudar su trayectoria y cruzar la calle, avanzan hasta llegar a estar uno al lado del otro, con el veleidoso sentimiento de que ese desconocido podría cambiarlo todo. «Dirá que soy una persona poco cuerda, si digo, que el hecho de verle si tan siquiera conocerle me hace sentir la piel de gallina», así que no se dirigen palabra alguna al otro. No obstante se conceden unos segundos para mirarse a los ojos.

Cuando por fin deciden marchar cada uno por su lado, se entristecen por un rato. Como si perdieran una parte de su vida que ni tan siquiera tuvo el placer de realizarse.

lunes, 4 de agosto de 2014

Soy yo quien se está perdiendo

¿Que haces?, ¿por qué estás ahí de pie, frente mío?, ¿por qué me gritas?, ¿por qué me dices todas estas cosas?, ¿crees que no lo sé?, ¿crees que no lo siento? Siento haberos decepcionado una vez más.
No llores por favor, es mi vida, mi futuro, mi impotencia no la tuya. Soy yo quien se está perdiendo, con ésto sólo haces que me sienta peor. Desde mi habitación puedo escucharos, decidiendo mi futuro -que al parecer ya no es mio-, mi libertad para decidir ha sido encarcelada. Siempre os escucho, incluso cuando calláis y me miráis con esa cara de inocencia. Sois quien refuerzan  los pensamientos que sostienen el cuchillo clavado en mi pecho. Lo vais clavando más hondo, muy hondo, quizá pronto sea demasiado hondo, demasiado tarde, demasiado para permanecer cuerda. Me gritáis en silencio cuando menos lo espero y me desgarro. Ya no consigo evadirme de todo cuando realmente lo necesito.

Estamos envueltos por una capa de hipocresía inmensa que se extiende por todos lados. Nos han dicho cómo hemos de vestirnos y de actuar, nos han dicho que no valemos nada, se han reído de nosotros en la cara, y mirándonos de arriba abajo -poniendo cara de pena-, han comentado entre ellos nuestras desgracias. Pero no saben nada. No saben cuánto hemos tenido que luchar para conseguir nuestras metas, que a veces las cosas “triviales” no lo son tanto, y la crueldad con la que un “no lo estás intentando” resuena en la cabeza lo coge todo y lo empequeñece, lo encadena, lo destruye. Aunque quizá quien lo diga no sea consciente de ello, quizá no sabe cómo lo estás intentando.
Pero lo que es peor: nos han metido en la cabeza una opinión incierta que nosotros hemos creído y reforzado, nos han hecho creer que no valemos la pena, que no estamos a la altura, que no somos suficiente. Así que cuando llega el momento en el que las críticas exteriores desaparecen, ya es demasiado tarde como para no odiarse a si mismo. Qué triste, ¿no crees?

Preguntáis qué me pasa pero si os lo cuento vuestros ojos me juzgarán, vuestra risa burlona. ¿Qué puedo decir cuando nada consigue mejorar? Dejad de juzgarme, porque en el silencio hablan las voces de mi cabeza, ya nada puede cambiarlo. Esa luz que se ve frágil, lejos... está muriendo, poco o poco, día a día. Perdóname que no haya sido mejor hija, hermana, amiga, amante o persona,  por haber sido un problema. Pero no es vuestra vida y conseguís que ponga ya en duda si se trata de la mía. Aunque supongo que ya no duele, supongo que ya no molesta, ¿no? Si no veis cómo rompo a llorar, si no veis cómo trato de respirar mientras tapo mi rostro con las manos y me ahogo entre sollozos... hasta entonces estaré cuerda, ¿o acaso me equivoco? Qué grito más silencioso, ¿no crees?, se ha llevado todas mis fuerzas y sin embargo, nadie me ha escuchado, nadie ha decidido hacerlo.

Estoy cansada, me siento inútil. Estoy cansada de sentirme inútil. Las lagrimas salen y se dejan ver pero nunca caen y la rabia se extiende por todo el cuerpo, necesito ayuda. Tengo ganas de acabar con todo esto e irme, de dejar todo atrás, mis calmantes me destruyen y siento que todo lo que quiero me va dejando poco a poco, o que lo voy apartando. Parece una proporcionalidad directa, cuanto peor estoy más gente desaparece. Ya no tengo ganas de luchar, a veces sólo querría saltar al vacío.
Es la sensación de estar tan abajo que ni una cuerda de veinte metros podría ayudarme a salir de este pozo en el que me encuentro.


domingo, 11 de mayo de 2014

¿Por qué no puedes ver cuánto lo intento?

Creo que aún a estas alturas alguna gente sigue esperando algo de mi; no tengo demasiado claro si eso debería ser algo bueno o malo. Quizá fue mi culpa caer y ponerme esta camisa de fuerza en la que me encuentro, quizá es mi responsabilidad no tener ganas de hacer otro intento -¿el último?-, es cierto. Pero no veo salida y es grande la herida como para ignorarla, la frustración e ira me tiran hacia abajo, más abajo. Qué peligro supone para mí estar a solas, pero a su vez qué calma... qué silencio. No sé si debería dejarme estar con los gritos y pensamientos que me retienen cada vez con más intensidad. Es el fuego dentro cubierto por una capa de hielo exterior, que a veces explota y sangro las penas. Se deslizan hacia el suelo, muerta en vida, sin aliento.

Tengo la sensación de que me han apagado las luces, que alguien me está obligando a ir a la cama, es hora de descansar. Entonces, abrazada a la almohada, siento esa pesadez en mi. Me ahoga. Todas las sensaciones, sentimientos y recuerdos juntos dentro de mi. Soy una bomba a punto de explotar, me llevaré por delante todo lo que algún día quise o me importaba, ¿ acaso importa todavía?
De pronto, veo como me cierran la puerta, quiero salir pero me la cierran en las narices. La habitación queda oscura, demasiado, no hay salida ni ningún hilo de luz que se atreva a hacerse ver. Intento abrir esa puerta, abrir la persiana, salir de la cama, salir de casa. Pero no puedes entenderlo, susurra en mi cabeza que es tarde, me arropa diciéndome que me quede allí tendida, inerte. No merece la pena hacer un esfuerzo tan grande, aunque, ¿ni tan siquiera puedes ver cuánto lo intento?

Quizá entonces me mires a la cara confundido, puede que digas que no estoy haciendo nada por mejorar además de otras frases que harán que me desgarre mientrar observo en silencio. Si miras con atención puede que logres entender que no puedo hacer mucho más, y aunque pudiese, no tengo ningunas ganas de nada. Algo me está agarrando e insiste en llevarme consigo. Es cierto que no todos los días llueve pero son todos tan grises... ¿Quién va a conseguir sacarme de aquí si yo no puedo? Así que dejo de intentarlo y vuelvo a la cama, me cubro con todo lo que puedo. 

Para cuando la puerta se abra, ya no tendré ganas de hacer otro intento.

martes, 18 de marzo de 2014

Necesito un cambio

Ves como todo se cae y te ahogas, intentas prometerte un cambio pero todo parece tan oscuro, tan voluble... No te despiertas un día sin nada, las cosas se van perdiendo. Se pierden las risas, los amigos, los paseos en sábado y el brillo en los ojos. Se va perdiendo como se pierde la esperanza al ver que apenas consigues levantarte. Ves como has decepcionado a la gente que confiaba en ti, te decepcionas a ti misma. ¿Qué queda?, nos quedan los recuerdos de momentos felices que nos hunden más porque ésas cosas ya no están. Cómo duelen, ¿eh? Personalmente he decidido no creer a quien me diga que estará ahí para apoyarme y calmar mis penas para que no haga ninguna tontería. ¡Cuánta gente me hizo hacer promesas para luego irse...! "Optimistas, ¡a veces la luz al final del túnel es un tren!"


Sin embargo otras cosas se marchan y no tiene importancia, están mejor lejos. Desaparece el miedo a caer cuando estás abajo, la presión de que alguien espere algo de ti (ya nadie arriesga), el dolor al perder a seres queridos..., ¿queda alguien por aquí? Te sientes solo, aún sabiendo que es posible que no tengas motivos, pero eso no basta. Sientes las burlas clavadas en la piel, escuchas las risas, el desprecio y la hipocresía de la gente. O quizá las cosas no sean así, quién sabe. Como el genio que se suicida tras oír los aplausos creyendo que son burlas en vez de halagos.


Lloras cuando nadie mira, miran cuando te equivocas. Te estiras en la cama mirando al despertador, preguntándote por qué todo continúa. ¿Qué sentido tiene quedarse? Pero el vacío da tanto miedo..., esa estúpida esperanza de que algo cambie me mantiene alerta. Intentar dormir pero que lo que vives sea tan emocionante que te mantenga despierto, que me mantenga en vela, ¿no sería increíbe?