En Los Márgenes
Te estaba esperando...
sábado, 8 de marzo de 2025
Cornisas Engalanadas
lunes, 26 de febrero de 2024
25/2/2024
Me viene a la mente una conversación tendidos hablando sobre miedos de cómo gestionar según qué momentos, tu sonrisa, la calma de quien quiere hacer que algo funcione. Me repetí como un mantra que no te irías, que de verdad lo íbamos a hacer funcionar, que queríamos: si no lo hubiese hecho no me sentiría tan vacía. Creo que de las peores sensaciones que alguien puede percibir (desde mi sensibilidad) es la paranoia: sobre el espacio, el tiempo, la culpa, la responsabilidad, el dolor. Sabías dónde me ahogaba y me dejaste tirada allí, en el mismo tramo, dos veces. Es hilarante que te hagan dudar de tu dolor cuando pones una tirita en un rasguño ajeno, pero cuando la sangre brota a borbotones de tu pecho evitas socorrerte.
Echando la vista a un lado creo que podría enumerar una lista de cosas agradables y desagradables, de intereses, maneras de pensar y de escapar, herramientas de gestión, límites. ¿Y la mía? Me da la sensación de que cuando hablo de cómo me siento rompo siempre todo un poco. Frases como "¿ya te vas a encerrar?", "está aquí al lado", "estás exagerando", "parece que no quieras esforzarte" y el silencio, encabezan algunas de las mejores bazas para dejarme noqueada si tu opinión sobre mí me importa y creo que está distorsionada de la realidad.
El ojo ajeno te juzga y repite que el reloj no para para nadie, que tus pasos se van achicando: igual que las siluetas de todas aquellas personas que algún día estuvieron al lado. No discierno ya si me echan o me echo, sé que hice lo que estaba en mi mano para cuidar algo; daría de más pero lo hice en el pasado y me quedé sin reservas.
No quiero volver a pasar por esto, quiero cuidar y que me cuiden, parece una locura con todos estos vínculos de papel.
Pérdida del espacio tiempo, preludio
Es un silencio abrumador el que se percibe cuando falta el aire y todo cae roto en añicos; después de la tormenta y de la tensión de ver la cuerda deshilacharse durante una cuenta atrás anunciada (que transcurre durante toda una eternidad), casi puedo decir que el resultado es el menor estrago para la cabeza. Un alivio romperse, sentir algo aunque sea impotencia, rabia y dolor.
Me pregunto mientras me tiemblan las piernas dónde está mirando toda esta gente, ¿con quién comercian su tiempo?, ¿me ven a través de sus máscaras? Quizá no todas las vidas merezcan la pena incluso dentro de un hospital, y en ese caso, ¿quién tiene potestad para hacer la criba? ¿Soy demasiado joven para vivir?, ¿o quizá estoy demasiado alejada de la vida para ser percibida? ¿Qué pasa si realmente es todo culpa mía?
Un sinfín de preguntas me acechan mientras veo las horas pasar en el reloj; es curioso que en un sitio con tantos médicos mirando a lo que queda de mis ojos y de mi pecho hecho metralla, ninguno se percate de que algo va mal. Es irónico saber que ni tan siquiera podría contestar.
Pero no siento los dedos y todo empieza a ir en una cámara rápida/lenta inexplicable. Así que tengo flashes: de llorar en el baño intentando respirar y de los ojos de Mira que me paró cuando conseguía marcharme de allí para preguntarme si estaba bien.
Para preguntarme si estaba bien: y de pronto todo echo añicos.
Y no hay perdón que me consuele decir a mi madre cuando lo hago desde el suelo del hospital siendo un mono de feria para los transeúntes, ni para mi cuando ya no tengo tiempo para poder calmarme y todo se soluciona con otra pastilla que nada me va a solucionar. Estoy harta.
2/2/2023
1/12/2023
Me pidieron que escribiese una carta para vosotras; yo que tan cómoda voy con bambas, tuve que ponerme en los zapatos del resto. Siempre que intento hacer el ejercicio se me escurren las palabras entre los dedos, una bruma pesada me niebla la vista y el eco de un pensamiento incesante resuena: cuestión de perspectiva.
Y es que asumir que todas nos regimos bajo unos mismos valores y condicionantes es hipócrita. Como si cualquier persona escogida a dedo tuviese la responsabilidad de cuestionarse el comportamiento propio y ajeno desde un punto objetivo, hay algo de narcisismo en haber creído que yo misma lo estaba haciendo.
Supongo que ponerme en tus botines de primavera fue darme cuenta que toda la vida iba a ser un reto de cambios sin fin en un paisaje desconocido a tu tierra. Con un anhelo de volver y la condena de haber echado raíces en un barrio que ahora debe parecer un extraño ante tus ojos. Borrar y escribir tu historia una y otra vez, dudar de tus actos, sentir que nadie te ha enseñado el camino. Labrar la tierra y encontrarla infértil para volver a anclarte aquí. No sé en qué punto se unen otra vez los senderos por los que me llevaste ni si esperas encontrarme de nuevo en alguna parte del tramo. Siento que mis pies se hunden bajo decisiones que no debí tomar en cada paso que doy hacia ti y que este barro que recubre mis bambas tardará tiempo en volver a poder caminar junto a ti.
Traté de ponerme tus mocasines y a pesar de ser más grandes que mi pie no logré calzarme: me choca porque recuerdo haber llevado este mismo modelo antes. Tu y yo que partimos de la misma casa, hace mucho que no somos nosotros.
No sé si es orgullo o si ambos llegamos a la conclusión de que todo nos venía grande demasiado pronto: y ahora cubrimos nuestra coraza con datos que puedan respaldar el pensamiento de que no somos monstruos, que nuestras retorcidas cabezas siempre encontrarán un motivo para alejarse de todo el exterior cuando algo falle. Que el fallo es relativo, porque siempre hay un plan z y que es cuestión de despejar el problema a tiempo. ¿Sabes ya si el tiempo es relativo también?
Tú que quieres creer en que cabe la posibilidad de engañar al tiempo, yo que lo veo correr contra reloj: como en esas películas malas que criticábamos, nunca se digna a tener un mínimo de lógica. Dejaré los mocasines en tu habitación y me quedaré leyendo tus libros como si estuvieses sentado en el escritorio hasta quedarme dormida. Siento que nunca sabré cómo fue dormir en aquél sillón a la vera de mi cama, ojalá pudieses explicármelo.
Lo siento, no tengo fuerzas para probarme más zapatos.