Es un silencio abrumador el que se percibe cuando falta el aire y todo cae roto en añicos; después de la tormenta y de la tensión de ver la cuerda deshilacharse durante una cuenta atrás anunciada (que transcurre durante toda una eternidad), casi puedo decir que el resultado es el menor estrago para la cabeza. Un alivio romperse, sentir algo aunque sea impotencia, rabia y dolor.
Me pregunto mientras me tiemblan las piernas dónde está mirando toda esta gente, ¿con quién comercian su tiempo?, ¿me ven a través de sus máscaras? Quizá no todas las vidas merezcan la pena incluso dentro de un hospital, y en ese caso, ¿quién tiene potestad para hacer la criba? ¿Soy demasiado joven para vivir?, ¿o quizá estoy demasiado alejada de la vida para ser percibida? ¿Qué pasa si realmente es todo culpa mía?
Un sinfín de preguntas me acechan mientras veo las horas pasar en el reloj; es curioso que en un sitio con tantos médicos mirando a lo que queda de mis ojos y de mi pecho hecho metralla, ninguno se percate de que algo va mal. Es irónico saber que ni tan siquiera podría contestar.
Pero no siento los dedos y todo empieza a ir en una cámara rápida/lenta inexplicable. Así que tengo flashes: de llorar en el baño intentando respirar y de los ojos de Mira que me paró cuando conseguía marcharme de allí para preguntarme si estaba bien.
Para preguntarme si estaba bien: y de pronto todo echo añicos.
Y no hay perdón que me consuele decir a mi madre cuando lo hago desde el suelo del hospital siendo un mono de feria para los transeúntes, ni para mi cuando ya no tengo tiempo para poder calmarme y todo se soluciona con otra pastilla que nada me va a solucionar. Estoy harta.
lunes, 26 de febrero de 2024
Pérdida del espacio tiempo, preludio
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario