Me veo rodeada de mentes interesantes que quiero conocer, quiero sentirme libre para explorar otras historias y fusionarlas conmigo compartiendo una sonrisa de madrugada en una cama que no es la mía, en una habitación desordenada después de que una conversación ilógica haya subido de tono y... joder, no sé, dos cuerpos desnudos totalmente cómodos con la protección que ofrece algo tan sincero como amar un cuerpo y una mente en su totalidad, entregárselo todo a alguien aunque sólo sea en un momento.
Hay una mente que me asombra. Es sencilla y compleja al mismo tiempo, parece haber vivido y sufrido muchísimo pero la veo sonreír mientras escapa a mi mirada e involuntariamente de manera descuidada se queda un mechero que alguien le ha prestado y me resulta una escena encantadora realmente: "instinto de supervivencia". Escucho atentamente cada palabra que sale de su boca, intento imaginarme lo que puede haber llegado a vivir; a veces reímos a carcajadas con cosas que parecen locuras, pero que realmente pasaban no hace demasiados años atrás. Todo ha cambiado, todo está cambiando.
Llego a mi habitación y desde la cama imagino la posibilidad de que la conversación que se vaya por las ramas. Puede que él sea más directo pero en mi cabeza ya le he hecho el amor tres veces -a cada cual más intensamente- en el tiempo en el que sus labios se fuman un cigarro. Imagino el lugar donde vive, el desorden... mi cabeza se escapa hacia donde realmente quiere ir; creerme si digo que en la manera en la que imagino recorrería mi cuerpo da para escribir, el modo en que me desnudaría ante su mirada y lentamente caminaría hacia él.
Sus piernas abren las mías, se agarra a mis caderas, juega rozando nuestros sexos. Me estremezco, mi respiración se entrecorta y estoy esperando el momento adecuado para liberarme de su juego y cabalgar sobre él, quitarle esa sonrisa para dejarte los ojos en blanco... jugamos con fuego. Espero que entienda que soy frágil y sensible, siento demasiado y de todos modos no me basta. Me echo hacia atrás y disfruto de este roce algún tiempo más... dulce tortura. Estoy prácticamente tumbada encima de la mesa y él de pie en el final de ésta -joder, qué perspectiva, pero le quiero más cerca-, "se acabó, voy a por ti."
Levanto mi torso y recorro su cuello entre besos y mordiscos, puedo sentir sus labios cerca, no quiero esperar más, le beso tímidamente al principio, le abrazo... tengo miedo a romperme, por favor, no me dejes caer. Levanta mi cabeza y me besa con fuerza, estamos tan pegados que se podría decir que nuestro cuerpo es uno. Bajo de la mesa, bajo al suelo; no estamos en misa pero yo estoy de rodillas y rogarás a Dios que no pare.
Ahora que está en el lugar que quiero, con -espero- ganas de vivirlo, lo dejo como trabajo de imaginación al lector, e intención de que recorra en algún momento mi cuerpo para descubrir mis secretos, y yo los suyos.
Llego a mi habitación y desde la cama imagino la posibilidad de que la conversación que se vaya por las ramas. Puede que él sea más directo pero en mi cabeza ya le he hecho el amor tres veces -a cada cual más intensamente- en el tiempo en el que sus labios se fuman un cigarro. Imagino el lugar donde vive, el desorden... mi cabeza se escapa hacia donde realmente quiere ir; creerme si digo que en la manera en la que imagino recorrería mi cuerpo da para escribir, el modo en que me desnudaría ante su mirada y lentamente caminaría hacia él.
Sus piernas abren las mías, se agarra a mis caderas, juega rozando nuestros sexos. Me estremezco, mi respiración se entrecorta y estoy esperando el momento adecuado para liberarme de su juego y cabalgar sobre él, quitarle esa sonrisa para dejarte los ojos en blanco... jugamos con fuego. Espero que entienda que soy frágil y sensible, siento demasiado y de todos modos no me basta. Me echo hacia atrás y disfruto de este roce algún tiempo más... dulce tortura. Estoy prácticamente tumbada encima de la mesa y él de pie en el final de ésta -joder, qué perspectiva, pero le quiero más cerca-, "se acabó, voy a por ti."
Levanto mi torso y recorro su cuello entre besos y mordiscos, puedo sentir sus labios cerca, no quiero esperar más, le beso tímidamente al principio, le abrazo... tengo miedo a romperme, por favor, no me dejes caer. Levanta mi cabeza y me besa con fuerza, estamos tan pegados que se podría decir que nuestro cuerpo es uno. Bajo de la mesa, bajo al suelo; no estamos en misa pero yo estoy de rodillas y rogarás a Dios que no pare.
Ahora que está en el lugar que quiero, con -espero- ganas de vivirlo, lo dejo como trabajo de imaginación al lector, e intención de que recorra en algún momento mi cuerpo para descubrir mis secretos, y yo los suyos.
