jueves, 18 de enero de 2018

Salvación o ruina: viejas costumbres

Yo no quería volver a escribir, pero me veo frente a una página en blanco que se burla de mi ya lejana habilidad para expresarme; no quiero que se malinterprete, si no quisiera no estaría aquí tratando de sacarle el polvo a una vía de escape ya en desuso. Sea como fuere, últimamente todo ha empezado a tambalearse tanto aquí dentro que vuelvo a mis orígenes con la esperanza de poder mantener algo de cordura perdiéndola en pequeñas dosis controladas, a sabiendas de que podría consumirme por ello (de nuevo) y perderla por completo (también de nuevo) envuelta en un bucle que no terminaría nunca. Pero no vamos a engañarnos, si estoy aquí y tu estás leyendo esto no es más que por cansancio: el mío.

Porque creí haber encontrado algo de paz en mí pero realmente lo que estaba haciendo era no pensar en todo lo que sucedía alrededor, ahora que he comprendido que hasta las minucias más escondidas en los recovecos de mi cabeza pueden afectar a otros, no me queda más remedio que actuar o aislarme; y no quiero decir que me fui sin intentarlo.

Así que me disculpo por esta burda introducción tan directa al lector, y volveré tratando de descubrir si es una puerta entreabierta que da al edén o al abismo.