domingo, 11 de mayo de 2014

¿Por qué no puedes ver cuánto lo intento?

Creo que aún a estas alturas alguna gente sigue esperando algo de mi; no tengo demasiado claro si eso debería ser algo bueno o malo. Quizá fue mi culpa caer y ponerme esta camisa de fuerza en la que me encuentro, quizá es mi responsabilidad no tener ganas de hacer otro intento -¿el último?-, es cierto. Pero no veo salida y es grande la herida como para ignorarla, la frustración e ira me tiran hacia abajo, más abajo. Qué peligro supone para mí estar a solas, pero a su vez qué calma... qué silencio. No sé si debería dejarme estar con los gritos y pensamientos que me retienen cada vez con más intensidad. Es el fuego dentro cubierto por una capa de hielo exterior, que a veces explota y sangro las penas. Se deslizan hacia el suelo, muerta en vida, sin aliento.

Tengo la sensación de que me han apagado las luces, que alguien me está obligando a ir a la cama, es hora de descansar. Entonces, abrazada a la almohada, siento esa pesadez en mi. Me ahoga. Todas las sensaciones, sentimientos y recuerdos juntos dentro de mi. Soy una bomba a punto de explotar, me llevaré por delante todo lo que algún día quise o me importaba, ¿ acaso importa todavía?
De pronto, veo como me cierran la puerta, quiero salir pero me la cierran en las narices. La habitación queda oscura, demasiado, no hay salida ni ningún hilo de luz que se atreva a hacerse ver. Intento abrir esa puerta, abrir la persiana, salir de la cama, salir de casa. Pero no puedes entenderlo, susurra en mi cabeza que es tarde, me arropa diciéndome que me quede allí tendida, inerte. No merece la pena hacer un esfuerzo tan grande, aunque, ¿ni tan siquiera puedes ver cuánto lo intento?

Quizá entonces me mires a la cara confundido, puede que digas que no estoy haciendo nada por mejorar además de otras frases que harán que me desgarre mientrar observo en silencio. Si miras con atención puede que logres entender que no puedo hacer mucho más, y aunque pudiese, no tengo ningunas ganas de nada. Algo me está agarrando e insiste en llevarme consigo. Es cierto que no todos los días llueve pero son todos tan grises... ¿Quién va a conseguir sacarme de aquí si yo no puedo? Así que dejo de intentarlo y vuelvo a la cama, me cubro con todo lo que puedo. 

Para cuando la puerta se abra, ya no tendré ganas de hacer otro intento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario