La sala estaba iluminada por la tenue luz de un par de lámparas situadas a los lados de la sala, y nosotros estábamos bajo el foco. Sólo nosotros. Podría decirse que formábamos parte de la obra, y por lo menos yo, sufrí el (re)encuentro. He de admitir que hacía mucho tiempo que no me sentía tan protegida. Pero creo que he de retroceder para poder explicarme bien.
Reencuentro. Una sala de cine completamente vacía a nuestra disposición, y tras veinte minutos de espera caímos en la cuenta de que se habían olvidado por completo de poner la película. Hace tiempo que no nos vemos pero estamos distraídos pensando en lo que está pasando, el momento incómodo desaparece entre risas. Me alegro de volver a verte reír. Sí, reímos porque se han olvidado de nosotros una vez más, patéticos bohemios adolescentes con las hormonas al pie del cañón.

La película muestra más de nuestra historia de lo que hubieses esperado, tanto individual como conjunta. Partes del libro se me vienen a la cabeza y me hacen recordar otros momentos que hemos vivido juntos, el ritmo cardíaco se dispara y las mejillas comienzan a encharcarse; trato de taparme como puedo, sé que no harás nada al respecto. Me equivoco. Somos un par de idiotas que tratan de reprimir sentimientos guardados en una pesada jaula de cristal que pende de un hilo, rompemos a llorar. Es bonito decir tanto con un abrazo, cogiendo una mano, con una mirada... ¿no crees? La película transcurre demasiado rápido, demasiado lento... estamos pegados el uno al otro y se siente como estar en casa de nuevo. Siento cómo te tensas en algunos momentos, escucho cómo tu respiración se acelera, veo las lágrimas en tus ojos... ven, más cerca, te estás helando y quiero que estemos a temperatura, déjame abrazarte. Ven.
El telón baja, la obra no ha acabado, estos personajes aún tienen algo que decir todavía. De hecho tienen mucho que decir, algo que puede alargarse innecesariamente con palabras; no tenemos tiempo para perderlo. Te acercas y me besas, tus labios son suaves, tu boca es suave... desearía poder abrazarte y acariciarte mientras nos besamos, necesito más manos. Cómo he echado de menos tus brazos rodeándome, notar que realmente quieres besarme y sentir que tú tampoco quieres soltarme, que es la temperatura perfecta para poder quedarnos quietos durante un tiempo.
Me gusta pasear con tu mano entrelazada en la mía, sé que siempre he sido reticente a este tipo de gestos pero lo haces parecer algo fácil y natural, reímos y no tengo ni idea de por qué. Por favor, quédate, si te marchas ahora vas a matarme.
Este momento no puede alargarse más, has de irte por un rato. Te dejo en manos de una chica de figura y sonrisa hermosa, has de prepararte para el acto final. Nuestro acto final, y sólo queda un día.
No podría haberlo imaginado mejor, te ves ridículamente elegante y sexy con ese traje negro, la cara borrosa, el pelo despeinado... desearía poder ser yo quien bailase contigo esta última canción, pero aún así me consuela que decidirás volver a mis brazos cuando la música deje de sonar y yo estaré admirando la escena hasta que lo hagas. El acto aún no ha terminado, no dejes que la pintura traspase y te nuble los pensamientos, por favor. Y uno, y dos... su vestido baila al son de vuestros movimientos, es una gran puesta en escena; las luces os iluminan y recitas hasta que la música para.
Entonces vuelves, no hace falta que busques un beso, o que yo lo busque; nuestros labios se encuentran con una naturalidad que envidio a día de hoy, es hermoso. Poder descansar abrazada a ti, con la cabeza apoyada en tu espalda... me relaja. Ojalá pudiésemos quedarnos así durante mucho tiempo, ojalá no hubiese dormido sola esa noche, ni ésta...
Cae la tarde y paseamos agarrados e incluso abrazados, tratando de hacernos paso entre la gente que pasea entre los estantes llenos de libros. Buscas un libro que no encuentras, ni tan siquiera recuerdas el título... eres un desastre, como yo. Pero no importa, paseamos observando libros de autores que no conocemos, haciendo observaciones absurdas y recordando libros casi olvidados. Me siento idiota cuando me preguntas si conozco a algunos poetas, callo y sigo mirando. Pero me gusta, me gusta ver tus ojos recorriendo libros de arriba a abajo, en busca de uno de título borroso. Encantador, enloquecedor y... bueno, volvería a decir que eres un desastre, pero no soy quién para hablar de ello. El día acaba entre un recital de poesía y un columpio gigante que mece nuestros cuerpos, juntos... Es probable que hablásemos después, pero no lo recuerdo, supongo que me quedé dormida (otra vez).

Al día siguiente no haces aparición, pero hablamos. Al siguiente, tampoco.
El día que hace que todo tenga un poco más de sentido... ¡estoy ansiosa por verte! Quiero ir a la montaña como la primera vez, quiero que toques la guitarra, quiero tocarla yo, que me lleves por caminos extraños y sentirme protegida. ¡Joder, qué ganas de verte y pedírtelo...! Pero... no, no vas a hacer aparición. Te encuentras mal, lo entiendo; las cosas se te vienen encima, lo entiendo; comienzas a hablar sobre cosas que han fallado otras veces, ¡retrocede, por favor, me estoy perdiendo! Dices que no puedo hacerte sentir bien sin que estés peor después, que te he provocado miedos, que te hago daño, que voy a ser la razón de tu fin. Que voy a ser la razón de tu fin. Que voy a ser la razón de tu fin... Que yo, que yo seré la razón de tu fin.
El pulso se acelera, no entiendo nada, golpeo las cosas y grito, ¡no soy capaz de entenderlo! ¡¿A qué viene ésto ahora?!, ¡¿qué he hecho?! Vienen a aporrear la puerta, muy fuerte, amenazas y más gritos salen de detrás de ella. Me levanto y la abro pero justo después me encojo y tiemblo. Lágrimas confusas y llenas de ira hacia mí misma corren mejillas abajo mientras me hacen preguntas; pero no soy capaz de pronunciar palabra, me bloqueo. Quiero estar sola. ¡Quiero estar sola!, ¡DEJADME SOLA! ¡DEJADME EN PAZ, FUERA! No, no lo comprendo... no soy capaz. De nuevo. ¿A qué ha venido ésto? Necesito aire, necesito que alguien me explique qué está pasando. ¿Si se lo hubiese pedido las cosas hubiesen sido distintas, hubiese tenido menos miedo? Realmente no tengo ni idea de qué he hecho. Necesito ayuda. No, ¡te necesito a ti!, ¡a ti! Y no puedo, no te tengo cerca, me apartas y no sé por qué, esta vez ya no sé buscarle el sentido, no lo encuentro, no puedo. No, esta vez no.
Nos autodestuimos individual y colectivamente, ahora, ya no sé dónde debes estar.
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