Es un silencio abrumador el que se percibe cuando falta el aire y todo cae roto en añicos; después de la tormenta y de la tensión de ver la cuerda deshilacharse durante una cuenta atrás anunciada (que transcurre durante toda una eternidad), casi puedo decir que el resultado es el menor estrago para la cabeza. Un alivio romperse, sentir algo aunque sea impotencia, rabia y dolor.
Me pregunto mientras me tiemblan las piernas dónde está mirando toda esta gente, ¿con quién comercian su tiempo?, ¿me ven a través de sus máscaras? Quizá no todas las vidas merezcan la pena incluso dentro de un hospital, y en ese caso, ¿quién tiene potestad para hacer la criba? ¿Soy demasiado joven para vivir?, ¿o quizá estoy demasiado alejada de la vida para ser percibida? ¿Qué pasa si realmente es todo culpa mía?
Un sinfín de preguntas me acechan mientras veo las horas pasar en el reloj; es curioso que en un sitio con tantos médicos mirando a lo que queda de mis ojos y de mi pecho hecho metralla, ninguno se percate de que algo va mal. Es irónico saber que ni tan siquiera podría contestar.
Pero no siento los dedos y todo empieza a ir en una cámara rápida/lenta inexplicable. Así que tengo flashes: de llorar en el baño intentando respirar y de los ojos de Mira que me paró cuando conseguía marcharme de allí para preguntarme si estaba bien.
Para preguntarme si estaba bien: y de pronto todo echo añicos.
Y no hay perdón que me consuele decir a mi madre cuando lo hago desde el suelo del hospital siendo un mono de feria para los transeúntes, ni para mi cuando ya no tengo tiempo para poder calmarme y todo se soluciona con otra pastilla que nada me va a solucionar. Estoy harta.
lunes, 26 de febrero de 2024
Pérdida del espacio tiempo, preludio
2/2/2023
1/12/2023
Me pidieron que escribiese una carta para vosotras; yo que tan cómoda voy con bambas, tuve que ponerme en los zapatos del resto. Siempre que intento hacer el ejercicio se me escurren las palabras entre los dedos, una bruma pesada me niebla la vista y el eco de un pensamiento incesante resuena: cuestión de perspectiva.
Y es que asumir que todas nos regimos bajo unos mismos valores y condicionantes es hipócrita. Como si cualquier persona escogida a dedo tuviese la responsabilidad de cuestionarse el comportamiento propio y ajeno desde un punto objetivo, hay algo de narcisismo en haber creído que yo misma lo estaba haciendo.
Supongo que ponerme en tus botines de primavera fue darme cuenta que toda la vida iba a ser un reto de cambios sin fin en un paisaje desconocido a tu tierra. Con un anhelo de volver y la condena de haber echado raíces en un barrio que ahora debe parecer un extraño ante tus ojos. Borrar y escribir tu historia una y otra vez, dudar de tus actos, sentir que nadie te ha enseñado el camino. Labrar la tierra y encontrarla infértil para volver a anclarte aquí. No sé en qué punto se unen otra vez los senderos por los que me llevaste ni si esperas encontrarme de nuevo en alguna parte del tramo. Siento que mis pies se hunden bajo decisiones que no debí tomar en cada paso que doy hacia ti y que este barro que recubre mis bambas tardará tiempo en volver a poder caminar junto a ti.
Traté de ponerme tus mocasines y a pesar de ser más grandes que mi pie no logré calzarme: me choca porque recuerdo haber llevado este mismo modelo antes. Tu y yo que partimos de la misma casa, hace mucho que no somos nosotros.
No sé si es orgullo o si ambos llegamos a la conclusión de que todo nos venía grande demasiado pronto: y ahora cubrimos nuestra coraza con datos que puedan respaldar el pensamiento de que no somos monstruos, que nuestras retorcidas cabezas siempre encontrarán un motivo para alejarse de todo el exterior cuando algo falle. Que el fallo es relativo, porque siempre hay un plan z y que es cuestión de despejar el problema a tiempo. ¿Sabes ya si el tiempo es relativo también?
Tú que quieres creer en que cabe la posibilidad de engañar al tiempo, yo que lo veo correr contra reloj: como en esas películas malas que criticábamos, nunca se digna a tener un mínimo de lógica. Dejaré los mocasines en tu habitación y me quedaré leyendo tus libros como si estuvieses sentado en el escritorio hasta quedarme dormida. Siento que nunca sabré cómo fue dormir en aquél sillón a la vera de mi cama, ojalá pudieses explicármelo.
Lo siento, no tengo fuerzas para probarme más zapatos.
29/10/2023
Hay cierto tipo de crueldad involuntaria en cada una de nosotras, no quiero formar parte de ello... y es que tenemos la responsabilidad de ser consciente del contexto que nos rodea, por eso me abruma estar rodeada de tantas personas a las que no sé si involuntariamente, tarde o temprano, decepcionaré.
Quiero que todo se quede en pausa y tranquilo por un momento; respirar hondo, notar el aire entrar a mis pulmones. No lucir esta falsa fachada de seguridad mientras paseo por una calle que no termina nunca, sin hallar el aliento necesario para poder recobrar fuerzas y terminarla. Me frustra pensar que es distinto si me esperas tú al final de la calle, en la misma que me dejaste: a veces querría que estuvieses aquí y otras no haber aparecido.
Siento que han completado parte de mi historia con semejanzas del pasado, que yo todavía estoy lidiando con algo que dan por supuesto. Soy la primera que quiere salir de aquí, ¿por qué me juzgas? Deberías saber que mis herramientas son volátiles y a veces se esfuman con el humo. Creía que sabías dónde me ahogo y ahora tengo miedo de volver a pisar el agua contigo al lado.
jueves, 3 de noviembre de 2022
Rascando segundos al reloj
Parece crudo pensar que tenía apenas 16 años la primera vez que creí darme cuenta de que antes o después terminaría con mi vida, generando en mi pecho un vértigo abismal e incomprensible dadas las circunstancias. Era el último día de agosto y observaba desde la ventana sin pomo del hospital cómo la noche se abría paso: sólo quise cerrar los ojos en un descuido, poder descansar tranquila un largo rato.
Recuerdo ver a mi hermano dormir en ese horrible sillón naranja después de conversar sobre alguna cosa que ni siquiera logro vislumbrar, pero que poco se acercaba a una gestión del hecho de que casi me escurro en el tiempo. Quizá fuese lo mejor después de todo, porque dudo que hubiésemos sido capaces de hacerlo. Sea como fuere todavía no puedo saber cómo pasó esa noche mi madre o cómo explicarle que no es su culpa, a pesar de todo todavía se victimiza y sigo sin sabe cómo ponerle palabras a lo que siento cuando apenas siento nada más que dolor; ni cómo mi padre llegó a la conclusión de que "cada uno tiene lo que se merece", el tiempo dirá... quizá estuviese en lo cierto.
Pero lo que yo no sabía hasta ese momento, ni la forense, ni la juez, es que "el vacío me da más miedo que el dolor", o eso se ve reflejado en las fechas del informe. A pesar de todo, si a aquella niña le hubiesen dicho que llegaría a cumplir los dieciséis y que jamás perdería el miedo a volver atrás, hubiese roto a llorar de agonía.
Siete años después, respiro hondo a pesar de que un peso aterrador e intangible me oprima el pecho; banalizo el hecho de que tarde o temprano, todas esas pequeñas grietas que ahora tientan a la suerte acabarán por resquebrajarse del todo. Intento mostrar mi mejor cara de conformidad con esta extraña rutina de extrañar pequeños gestos y carcajadas que me brindaban un ápice de paz. A pesar de que todo a mi alrededor avanza en cámara rápida, no dejo de tener la sensación de permanecer de manera estática en algún lugar en el que no me encuentro.
Aún así tomo aire a bocanadas cuando los que cuento con los dedos de una mano me llaman para salir, intento recordarme que merecerá la pena y que dentro del caos todavía queda un halo de esperanza mientras veo el brillito en los ojos de aquellos que aún están a mi vera.